miércoles, 10 de agosto de 2016

La Cheta de Recoleta...

En los años de la " Década Ganada", hubo un crecimiento exponencial de asentamientos y barrios marginales, necesarios para el mantenimiento de una clientela electoral imprescindible para el proyecto populista demagogo del kirchnerismo.
La tan mentada inclusión social, fue en la práctica el reparto de beneficios con fines de ccoptación, usurpando proyectos de la oposición de entonces.Era necesario entregar dádivas a cambio de votos, práctica que las distintas variantes del peronismo manejaron, tanto como sus antecesores, los Conservadores de la Década Infame.La Revolución filonazi de 1943, no anula la incursión del Capitán Perón en 1930, en los preparativos del Golpe a Hipólito Yrigoyen, tal como lo narra en su propio libro, " Tres Revoluciones Militares".
La puesta en escena de la emperatriz sureña en la villa 31, es una de las mayores ofensas a la dignidad, la condición humana y la integridad de los sufridos y postergados habitantes de ese conglomerado habitacional. Se ha dicho hasta el cansancio, que la mayoría enorme de esos vecinos, son gente de trabajo, que luchan por su futuro, habiendo innumerables ejemplos de quienes obtuvieron logros, a pesar de esas condiciones adversas.Pero también es cierto que son hostigados, por bandas de narcos y otros delincuentes, que se refugian o transitan por estos barrios.Por supuesto que sabemos que hay ladrones de guante blanco, sabemos que hay zares de la droga que se alojaron en barrios acomodados, pero  los habitantes de, por ejemplo, la Villa 31, son asolados por quienes irrumpen en su propio territorio.
Por eso es un insulto infame, de quien no pisa la calle, sin la vigilancia de sus 80 custodios, y que sin ellos no tendría un segundo de paz, tal la repulsa que se ganara, señalar que la Villa 31, es el lugar en el que se siente más segura, porque no es lo que le ocurre a los propios vecinos, cuando se levantan a las cinco de la mañana para ir a trabajar.
La Cheta de Recoleta, pretende ser la abanderada de los pobres, enfundada en sus modelos de Versace y colgada a su Hermes o Louis Vuitton. El asco que siente por el pobrerío es la misma devoción que tiene por ostentar, presumir, y pertenecer a esa oligarquía a la que dice odiar pero que adora formar parte.

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